Normalmente cuando pensamos en «daño» aparece otra persona o situación que es la que nos daña. Rara vez nos paramos a ver el (auto)daño que nos provocamos nosotros/as mismos/as ante esa persona y/o situación.
Poner conciencia a nuestra parte de responsabilidad es importante, porque es ahí donde podemos actuar y cambiar algo. Hacernos responsables del daño que nos hacemos nos puede ayudar a parar, a buscar otras opciones, a intentar algo diferente. Algo con lo que no nos dañemos.

Muchas veces esto es difícil, aun sabiendo el daño que nos hacemos, ahí seguimos. Repitiendo una y otra vez eso que no nos sienta bien, eso que nos perjudica.

En ese caso lo primero será no apartar la responsabilidad y convertirla en coletilla. “Haciendo esto me hago daño, y me hago responsable”. Esto te puede ayudar a tener presente tu parte, a no dejar de lado que tu tienes algo que ver con todo eso y que, finalmente, eres tu quien quiere hacer algo diferente que no le dañe.

Puede que por ti mismo/a no puedas hacer algo distinto, no puedas cambiar tu manera de relacionarte con esa persona o situación, pero en ese caso lo que sí puedes hacer es pedir ayuda.

¿Qué haces tú, o no haces, que te está haciendo daño?
¿Qué necesitas de ti en esta situación?

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