A veces buscamos la respuesta en el lugar equivocado.

Las emociones usan otro lenguaje y esto hace que, en ocasiones, nos cueste más identificar lo que nos dicen.

Nos empeñamos en encontrar siempre la respuesta a los conflictos, las dudas, el malestar, las crisis, etc. en el plano mental, es decir, escuchando sólo desde lo racional, desde lo lógico.

Lo que no sabemos es que, otra parte de nuestro ser ya tiene la solución. Esa parte ya sabe lo que quiere, ya ha identificado lo que necesita y muchas veces, son los pensamientos los que nos marean de tal forma, que perdemos el norte, nuestro norte.

Un ejemplo que he visto recientemente en terapia: una persona que está en una relación en la que no se siente libre, en la que no está ni 90% comprometido, ni 80% implicado, con infidelidades a sus espaldas y sus consiguientes secretos. Que valora mucho, a nivel racional, a la persona con la que está. Pero a niveles más profundos, más emocionales, le apetece estar solo, pensar en sí mismo y ocuparse de él. Está angustiado porque no sabe que hacer… si seguir con su pareja o no, es un mar de dudas y eso le provoca tormento.

¿Creéis que realmente no sabe lo que quiere?, ¿Qué no lo tiene claro?

Sabe lo que quiere, estar solo. Sabe lo que necesita, pensar más en él. Eso implica romper la relación. Entonces,  ¿de dónde viene la confusión?

La persona no se ha escuchado emocionalmente, no ha identificado lo que siente ante la idea de romper la relación, el miedo. El miedo a equivocarse, a estar solo y no encontrar a otra persona que le vuelva a querer, el miedo a arrepentirse y que sea demasiado tarde, etc. Las dudas que tiene sobre si quiere o no continuar con la relación, son fruto de este miedo, pero no tienen que ver con no saber lo que quiere. Es fundamental darle voz al miedo, escuchar y valorar lo que tiene que decir.

De esta manera, puedes tener claro lo que quieres, que es estar solo en este momento y, además, sentir miedo a estarlo. Darle voz al miedo nos ayuda a no perdernos en un mar de dudas que, en realidad, no lo son. 

Este movimiento, nos permite salir del jaleo mental en el que nos metemos, un callejón sin salida donde nos generamos angustia y síntomas ansiosos.

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